EL PODEROSO RETORNO DE AFRAID TO SPEAK IN PUBLIC

Una hazaña digna de grandes y valientes. Pocos artistas se retiran voluntariamente de la escena y regresan con las pilas intactas después de más de quince años fuera del circuito. Afraid To Speak in Public tuvieron su momento de gloria en los noventa, y se ganaron a pulso ese prestigio del que gozan aquellos grupos de culto, cuyos seguidores les consideran intocables e infalibles. Era la época de la explosión del crossover, de la mezcla de estilos, del derrumbamiento de muros. Pero lo suyo siempre fue incómodo para ese público que buscaba música de baile con guitarras o viceversa. Sus influencias iban de Faith No More a Mr. Bungle. De Primus a Zappa. Pero también venían de No Means No, Today Is The Day y R.K.L.

Quizás un miércoles de Semana Santa no sea el mejor día para presentar tu nuevo disco en directo, pero muchos fans respondieron y cuando Isards salieron a escena, la sala pequeña del Apolo ya presentaba un buen aspecto. Lo de Isards no es fácil de describir ni de digerir. Metal descarnado, agresivo, lento e incómodo. Lo suyo es crear ambientes asfixiantes y aplastar al público a base de capas de sonido de las que es difícil escapar. No sé si lograron nuevos fans esa noche, pero seguro que nadie quedó indiferente.

Lo de Afraid To Speak In Public fue diferente. Lo suyo es el ataque sónico multidisciplinar, inesperado e implacable. No sólo coquetean con todos los estilos imaginables –el metal, el hardcore, el jazz, el rock alternativo…- sino que le dan la vuelta, te atrapan y te llevan en volandas hasta donde su imaginación y sus habilidades como músico den de sí. El suyo es un show dinámico, acorde con su música, donde no cabe ni un segundo de relax  ni de acomodamiento. Bien dirigidos por ese gran frontman llamado Monti –no para de moverse como una pantera enjaulada y no duda en saltar del escenario para cantar entre el público- la banda no ha perdido ni un ápice de fiereza ni fuerza sobre las tablas. Al guitarrista M.Vera se le vio disfrutar mientras hacía diabluras con su guitarra, mientras que la base rítmica formada por Alex al bajo y Gato a la batería, se muestra tan implacable como flexible, según requiera el paisaje musical que estén interpretando. Hubo tiempo para el recuerdo, como en la adrenalínica “Anti Skate Police”, la dramática e intensa “Tears of Pain” o su tema más popular, que no el mejor, “BCN”. También hubo ocasión de repasar el nuevo material incluido en “Dos minutos de odio”, el disco que justifica y legitima su retorno. Piezas como “Walking on Glass”, “Geminis” o “Flow” sonaron mucho más potente en directo, como era de preveer. Un gran concierto, a la altura de la leyenda. Ahora les espera la carretera, el reencuentro con los fans de todo el país y alguna que otra sorpresa. Estaremos atentos.

Texto: Gabriel Armstrong || Fotos: Glòria Fernández

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